Dos fuerzas naciendo de mí, en direcciones opuestas. Una
sale de mi mente como una fuerza eléctrica teñida de azul. Se agarra a la mano
izquierda, se aferra a dejarme ir. Quiere que me vaya con ella. Hipnótica. Estática.
Intrépida. La otra sale de mi pecho.
Roja como fuego, ámbar como el sol. Desprende calor y vida, a la vez mucho
temor. Calidez añorada, con olor a una vejez conocida. Hogareña. Sumisa.
Acogedora. Mi ser desquebrajándose, partiéndose
en dos. Como si de una oleada se tratara, como si una fuerte ráfaga de viento
rompiera una dura roca. Solemne. O no. Cuando una gota va encontrando su hueco
para separar esa fuerza es que más que fuerza era debilidad enmascarada.
Un último tirón que puede ser el definitivo. ¿Llegará
pronto?
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