martes, 9 de enero de 2018

A la deriva y sin salvavidas.

Un pitido ensordecedor nubla mi ser, como si de un hundimiento naval se tratara. Y es eso, justo eso. El desembarco de mi corazón en tu puerto, de mis manos a tus pies, de mi alma en tus ojos. ¿Por qué volvemos a jugar a este juego tan amargo del querer?
Y qué sé yo. Si cada vez que intento levantarme, la vida vuelve a picarme con alguna de sus afiladas agujas del destino. Si esta vez, como tantas otras, me dejo llevar, díganme cuando he de parar.Cómo ver que estas a un segundo de desaparecer ahogada en las fauces de una voraz tormenta.
                                                                                                Otro pitido. ¿Esta vez, será de final?